A los 33 años, Bridgit Mendler pasó de ser una de las caras más reconocidas de Disney Channel a liderar una startup que quiere transformar la infraestructura satelital global.
La actriz y cantante —que brilló en ¡Buena suerte, Charlie! y lanzó un sencillo que llegó a disco de platino— hoy es CEO y cofundadora de Northwood Space, una compañía que acaba de levantar 100 millones de dólares en su Serie B, además de cerrar un contrato por 49,8 millones con la Fuerza Espacial de Estados Unidos.
En total, la empresa ya suma más de 136 millones entre capital privado y acuerdos gubernamentales. Su valuación estimada oscila entre 500 y 800 millones de dólares. Pero la historia no es solo sobre números. Es sobre reinvención, ambición y curiosidad radical.
El verdadero cuello de botella del espacio
Mientras miles de satélites orbitan la Tierra enviando datos críticos —desde clima hasta comunicaciones—, la infraestructura terrestre que los conecta con el planeta apenas evolucionó desde los años 60.
Ahí está la oportunidad que vio Northwood.
La startup diseña antenas de matriz en fase compactas, capaces de desplegarse en semanas en lugar de meses o años. La visión, en palabras de Mendler, es clara: “La visión es una autopista de datos entre la Tierra y el espacio”.
La última ronda fue liderada por Washington Harbour Partners y Andreessen Horowitz, consolidando a la compañía como uno de los jugadores emergentes en infraestructura espacial. Además, ya mantienen conversaciones con actores privados del sector, incluida SpaceX, para potenciar sus redes satelitales.

De estrella pop a investigadora del MIT
Antes del espacio, hubo escenarios y giras. En 2012, su single debut alcanzó el platino en Estados Unidos y Canadá, y su álbum vendió más de 200.000 copias. Pero mientras el público la veía como estrella juvenil, Mendler ya planeaba su siguiente etapa.
Creció en lo que define como un “hogar de ingeniería”. Su padre diseñaba motores de alta eficiencia y baterías para autos eléctricos; su madre es arquitecta enfocada en diseño ecológico. “Ambos eran muy apasionados por lo que hacían. Para mí fue como una exposición a otros campos”.
En 2017, durante el rodaje de una película en Massachusetts, visitó el MIT en un día libre. El impacto fue inmediato. “Me quedé impresionada al ver la universidad, específicamente el MIT Media Lab. Pude hablar con algunas personas de un grupo mientras estaba allí”.
Luego hizo algo poco convencional: le escribió un tweet al director del laboratorio. “Terminamos charlando, el momento se alineó para unirme a su programa de becas”. Aprendió análisis de datos, desarrollo front-end y construyó sus propios proyectos como prueba de ingreso.
Entre 2017 y 2024 completó una maestría en el MIT, inició un doctorado en el Media Lab y obtuvo un doctorado en Derecho por Harvard. También trabajó en políticas satelitales y cofundó la Sociedad de Derecho Espacial de Harvard. “Me enamoré completamente del derecho espacial”.
La empresa que nació en la pandemia
La idea de Northwood surgió durante el COVID-19. “Mientras todos hacían pan de masa fermentada, nosotros construíamos antenas con piezas que encontrábamos en Home Depot y recibíamos datos de satélites de la NOAA”.
Lo que comenzó como experimentación técnica terminó convirtiéndose en una empresa con respaldo institucional y contratos gubernamentales. Según la propia CEO, lograron entregar enlaces operativos en campo en apenas tres meses desde el inicio de un contrato: “En este punto, hemos tenido un tiempo de respuesta de tres meses desde el inicio de ese contrato hasta entregar enlaces en vivo en el campo”.
El plan es ambicioso: desplegar más de 82 estaciones terrestres en 18 sitios globales antes de fines de 2026.
Cinco vidas antes de los 35
La trayectoria de Bridgit Mendler parece una secuencia de reinicios estratégicos:
- Actriz principal en Disney.
- Cantante con disco de platino.
- Académica en el MIT y Harvard.
- Fundadora y CEO espacial.
- Madre (adoptó junto a su esposo en 2024).
En una entrevista reciente, desmitificó la idea del genio natural: “No soy la persona más inteligente de la sala. Y eso no importa, porque si estás buscando hacer lo mejor y mejorar, y si estás decidido, entonces eso puede llevarte bastante lejos”.
Y su consejo para emprendedores es aún más directo: “Sé más ambicioso de lo que creés que deberías. Hacé algo que te importe. Cualquier tiempo que pases dudando o vacilando sobre lo que querés hacer es una pérdida de tiempo. Perseguí tu curiosidad y no tengas miedo de ir a por lo que querés”.

¿Qué podemos aprender?
- La identidad no es fija. No estás condenado a tu primer éxito. Podés reinventarte radicalmente si estás dispuesto a volver a empezar.
- La curiosidad es un activo estratégico. Un día libre, una visita universitaria y un tweet cambiaron su trayectoria.
- El cuello de botella siempre es una oportunidad. Mientras todos miraban los satélites, Northwood miró la infraestructura terrestre olvidada.
- Ambición sin permiso. Mendler no pidió validación para cambiar de industria. Ejecutó.
Reflexión final
En un mundo obsesionado con la especialización temprana, la historia de Bridgit Mendler desafía el guion tradicional. Su recorrido demuestra que la ambición puede evolucionar, que la formación nunca termina y que los grandes saltos suelen empezar con una simple pregunta: “¿Y si pruebo algo distinto?”.
Para los que están construyendo proyectos hoy, el mensaje es claro: no subestimes tu capacidad de cambiar de escenario. El próximo capítulo puede estar en un lugar completamente diferente al que imaginás.
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