A los 20 años, Matías Massotti atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida: lo echaron de su casa. Sin una estructura asegurada ni grandes recursos, comenzó a construir su camino profesional desde un lugar poco convencional: la terraza de un local de comidas.

Fue ahí donde empezó a darle forma a una empresa vinculada con la salud y la tecnología. Lo que en aquel momento era un proyecto en sus primeras etapas terminaría convirtiéndose en una compañía con presencia internacional y en la base de su actual criterio como inversor.

Su recorrido estuvo impulsado por una convicción: la tecnología podía transformar la forma en que las personas accedían a la salud y mejorar su calidad de vida.

Una industria que todavía funcionaba como décadas atrás

Mientras la transformación digital avanzaba en sectores como el comercio, las finanzas y las comunicaciones, Massotti observaba que el sistema sanitario todavía conservaba muchos de sus modelos tradicionales.

La atención se concentraba principalmente en tratar enfermedades una vez que aparecían, los pacientes debían atravesar largas esperas para conseguir un turno y la información clínica se encontraba fragmentada entre distintos centros y profesionales.

Para Massotti, el verdadero cambio debía comenzar antes: utilizando la tecnología para avanzar hacia un sistema más preventivo.

“Seguíamos atendiéndonos como lo hacían nuestros bisabuelos cuando la atención solo llegaba tras la aparición de la enfermedad, la espera de turnos tanto en el sistema público como en el privado era muy larga y no existía un sistema de historia clínica unificada; en ese contexto era muy complejo pensar en prevenir enfermedades y ampliar la expectativa de vida”, recuerda.

A partir de ese diagnóstico, impulsó una empresa de telemedicina que buscaba ampliar el acceso a la atención médica y acelerar la transición hacia un modelo de salud enfocado en la prevención.

La propuesta, sin embargo, no fue aceptada inmediatamente.

En sus comienzos, parte de la comunidad médica observaba con escepticismo la posibilidad de brindar atención sin una consulta presencial. La tecnología estaba disponible, pero todavía existían barreras culturales, profesionales y regulatorias que dificultaban su adopción.

Massotti había anticipado una tendencia, pero el mercado todavía no estaba preparado para incorporarla.

La pandemia aceleró la telemedicina

La llegada de la pandemia cambió ese escenario. La atención remota dejó de ser una alternativa cuestionada y pasó a convertirse en una herramienta necesaria para atender pacientes sin exponerlos a traslados y espacios concurridos.

La crisis aceleró en pocos meses una transformación que probablemente habría requerido varios años.

El modelo permitió brindar atención a gran escala y acompañó la expansión de la empresa por Argentina, México y Estados Unidos.

Para Massotti, aquella experiencia no solo validó su visión sobre el futuro de la salud. También le permitió comprender qué se necesita para construir una compañía dentro de una industria compleja, regulada y resistente al cambio.

Anticiparse había sido importante, pero no suficiente. Para transformar una idea en una empresa real también necesitó ejecución, adaptación y persistencia.

Del mundo de la salud a las inversiones

Después de desarrollar y expandir su compañía, Massotti comenzó una nueva etapa como inversor.

Su experiencia operando en diferentes países se convirtió en la base de una metodología para evaluar startups. En lugar de concentrarse únicamente en qué tan novedosa puede ser una idea, analiza si el equipo tiene la capacidad de ejecutarla, adaptarla a otros mercados y construir una empresa sostenible.

“Una buena idea por sí sola no alcanza, para construir una empresa sostenible hacen falta ejecución, capacidad de adaptación y una propuesta de valor clara”.

Con esa mirada creó Massotti Ventures, desde donde busca conformar un portafolio de startups latinoamericanas con posibilidades de expansión internacional.

Su objetivo es identificar compañías que resuelvan problemas concretos, cuenten con modelos escalables y puedan crecer más allá de su mercado de origen.

Qué busca antes de invertir en una startup

Haber operado dentro del sector de la salud también le permitió conocer las dificultades que aparecen cuando una empresa intenta expandirse dentro de industrias reguladas. Cada país presenta nuevas reglas, comportamientos y maneras de hacer negocios, por lo que un modelo exitoso no siempre puede replicarse sin modificaciones.

Por eso, dentro de su tesis de inversión, Massotti observa especialmente la capacidad de adaptación de los equipos, la claridad de la propuesta de valor y la existencia de un problema real que justifique la solución.

La innovación tecnológica puede ser una ventaja, pero pierde relevancia cuando no está acompañada por una necesidad concreta del mercado.

El potencial de las startups latinoamericanas

América Latina reúne talento emprendedor, profesionales capacitados y una gran cantidad de problemas que todavía necesitan soluciones más eficientes.

“Hay talento, capacidad y empresas que pueden tener alcance global, el desafío es identificar proyectos que resuelvan problemas reales y acompañarlos con el capital y la estrategia necesarios para que puedan escalar”.

Su historia comenzó lejos de una gran oficina o de un fondo de inversión. Empezó en un momento personal complejo y desde un local de comidas.

Años después, luego de construir una empresa tecnológica, atravesar la resistencia de una industria y expandirse por distintos mercados, utiliza esos aprendizajes para acompañar a otros emprendedores.

Su recorrido demuestra que anticipar una tendencia puede abrir una oportunidad, pero la ejecución, la adaptación y la perseverancia son las que permiten convertirla en una compañía con alcance internacional.

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