Muchos empresarios y profesionales logran ordenar su carrera, liderar equipos, construir negocios y sostener agendas exigentes. Pero hay una promesa que suele quedar pendiente: sentirse bien con su cuerpo.
Ese es el punto de partida de MSF — Matías Sánchez Fitness, el proyecto creado por Matías Sánchez Sorondo, ex abogado reconvertido en coach de transformación física. Su propuesta apunta a hombres de 35 a 50 años, empresarios, directivos y profesionales con poco tiempo, alta exigencia laboral y vida social activa.
La idea nació desde una experiencia personal. Matías estudió abogacía, terminó la carrera y empezó a ejercer. Pero algo no le cerraba.

“Estaba siguiendo un legado por inercia. Desde afuera era el camino lógico — título, estabilidad, futuro claro. Pero había algo que no cerraba”.
Mientras trabajaba como abogado, empezó a crear contenido sobre entrenamiento casi como un hobby. De a poco, ese contenido se fue enfocando en fitness y empezó a generar demanda. Primero llegaron clientes online como side hustle. Después, la oportunidad se volvió demasiado grande para ignorarla.
“Volvía de la oficina a las 19 horas y me ponía hasta la madrugada a crear esto, crear contenido, tener mis primeros clientes y creciendo de a poco lo que hoy es MSF”.
El punto de quiebre llegó en enero de 2023, cuando logró facturar en un mes lo que ganaba en un año como abogado. Ahí decidió lanzarse de lleno.
El problema no era la información, sino el sistema
MSF nace de una observación concreta: muchos hombres con éxito profesional no fallaban por falta de información. Sabían que tenían que entrenar, comer mejor y bajar de peso. El problema era otro: ninguna solución estaba diseñada para su vida real.
Matías lo vio de cerca en el mundo corporativo: hombres con reuniones, viajes, hijos, comidas de trabajo y responsabilidades difíciles de delegar. Personas que no podían vivir alrededor del gimnasio ni seguir dietas rígidas.
“El gimnasio te exige horarios fijos. La dieta te exige renunciar a tu vida social. El coach genérico te da un plan que funciona para alguien que tiene cinco horas libres al día. Y este hombre no tiene cinco horas libres”.
Ahí aparece el insight central del negocio: el problema no es solo de disciplina, sino de diseño. Si el sistema no entra en la vida del cliente, tarde o temprano se rompe.
Por eso, MSF se posiciona como un programa pensado para funcionar dentro de la agenda del cliente. Su promesa: ayudar a hombres workaholics a transformar su físico en 90 días, con tres horas de entrenamiento por semana, alimentación flexible y acompañamiento diario.




Tres pilares: entrenamiento, alimentación y acompañamiento
En entrenamiento, el foco está en la fuerza, con tres sesiones semanales de menos de una hora. En alimentación, no trabajan con dietas extremas, sino con estructura: el cliente aprende a manejar su semana real, incluyendo comidas de trabajo, viajes, asados y eventos sociales.
Pero para Matías, el mayor diferencial está en el acompañamiento diario.
“El seguimiento funciona por una razón muy simple. En el trabajo, si no cumplís, alguien te llama. En el físico, nadie dice nada — y eso es exactamente por qué siempre termina perdiendo”.
En MSF, cada cliente cuenta con un equipo que sabe cómo entrenó, cómo comió y cómo se siente. No desde el control, sino desde la cercanía. También aparece la comunidad: hombres con perfiles similares, desafíos parecidos y poco tiempo disponible, compartiendo avances, dudas y resultados.
“Eso genera reciprocidad real y competencia sana que ningún programa individual puede replicar”, destaca Matías.
El diferencial de haber vivido el problema
Uno de los puntos más fuertes de la historia de MSF es el perfil de su fundador. Matías no viene solo del mundo fitness: viene de haber vivido la rutina del cliente al que hoy busca ayudar.

“Yo conocí de cerca lo que es tener una agenda imposible, responsabilidades que no podés delegar, y la sensación de que el físico siempre puede esperar”.
Esa experiencia le permitió hablar el mismo idioma que su público. También le dejó herramientas para construir una empresa: pensamiento estructurado, comunicación precisa y capacidad para armar equipos.
Hoy MSF está dividido en tres áreas: producto, marketing y ventas. En producto trabajan coaches de entrenamiento y nutricionistas. En marketing hay editores, producción y responsables de contenido. En ventas, un equipo de appointment setters agenda reuniones de consultoría que luego pasan al equipo comercial.
La estructura muestra que MSF no se plantea como un servicio individual dependiente solo de Matías, sino como una empresa con procesos, roles y capacidad de escalar.
Más que bajar kilos
MSF ya documentó más de 380 casos de éxito. Según la empresa, sus clientes bajaron entre 8 y 17 kilos en 90 días y, en conjunto, eliminaron más de 4.900 kilos de grasa.

Pero Matías insiste en que el cambio más importante no siempre es el visible. Lo que más le impacta es lo que ocurre en la identidad del cliente: hombres que llegan evitando fotos, con baja energía o con una deuda interna acumulada durante años, y que después de 90 días se paran distinto.
“Hay algo que cambia en la forma en que un hombre se relaciona con el mundo cuando resuelve lo que más tiempo lleva postergando”.
Desde esa mirada, el físico no aparece como una cuestión estética aislada, sino como una variable que influye en el rendimiento, el humor, la confianza y la energía diaria.
“Porque el físico no es una área separada — es la variable que regula todo el sistema”.

El modelo de negocio detrás de MSF
MSF vende un programa de 90 días, 1 a 1, con acompañamiento del equipo. No trabaja con membresías tradicionales ni programas grupales. Su modelo es intensivo, personalizado y enfocado en resultados.
Un dato interesante es que las compras internas representan hoy el 40% de la facturación. Es decir, una parte relevante del negocio proviene de clientes que vuelven a comprar, adquieren packs anuales y apuestan al largo plazo.
Marca personal, contenido y autenticidad
Para Matías, uno de los grandes aprendizajes fue elegir un problema específico para una persona específica. Intentar hablarle a todos, dice, suele hacer que el mensaje no resuene con nadie.

También destaca el rol del contenido como activo comercial: “Cada pieza que publicás es de un vendedor que trabaja mientras dormís”.
En su visión, la gente ya no compra solamente productos o entregables. Compra resultados, pero también conexión. Por eso, la marca personal tiene que mostrar quién está detrás, cómo piensa, qué logró y también qué errores cometió.
“Mis clientes no solo me eligen por nuestros resultados, sino porque conectan conmigo como persona”.
Entender a un público específico
La historia de MSF nos enseña que un buen negocio no siempre nace de inventar algo nuevo, sino de entender mejor que nadie a un público específico.
Matías no creó el entrenamiento de fuerza, la alimentación flexible ni el seguimiento personalizado. Lo que hizo fue unir esos elementos en un sistema diseñado para un perfil concreto: hombres ocupados que quieren transformar su físico sin abandonar su vida.
En un mercado saturado de soluciones genéricas, MSF encontró espacio al hacer una pregunta distinta: no qué debería hacer el cliente ideal, sino qué sistema puede sostener realmente en su vida real.
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